Adiós Stan Lee, el mito viviente

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Puede que hoy no se entienda el impacto que Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko, Romita, Don Heck, John Buscema y otros produjeron en la cultura del comic norteamericano, pero a principios de los 60´s, estos héroes de las tintas y los diálogos llegaron para dejar su impronta y cambiar la industria para siempre.

Los Comics siempre fueron el territorio de los niños, se pensó en algún momento como después se juzgaría a los videojuegos; por eso había que darles superhéroes sencillos, súper poderosos, rectos en la defensa de valores éticos y sobre todas las cosas, unidimensionales. Esto estuvo bien durante la infancia del comic de héroes, la era de Batman, Superman y la Mujer Maravilla, que combatían con ladrones, asesinos, secuestradores o monstruos, siempre malos, siempre blanco contra negro.

Cuando a Stan Lee le llegó su gran momento ya pintaba algunas canas y había sido parte de la industria del comic desde los 17 años. Eran el primer año de la década del 60 cuando Lee, juntó con el también veterano Jack Kirby cranearon cómo responderle desde la nueva editorial Marvel Comics a la hegemonía del DC Comics de Julius Schwartz, quien había revivido al superhéroe tradicional de la mano de The Flash y la Liega de la Justicia. Fue idea de la esposa de toda la vida de Stan Lee que buscara inspiración en historias reales, lejos de los arquetipos y más cerca de la literatura.

Así fue como nació una nueva manera de contar un comic heroico, diferente a esos seres perfectos que saltaban los obstáculos de los villanos y ganaban siempre. Lee y Kirby crearían a los X-Men, mutantes con poderes increíbles, pero al mismo tiempo perseguidos, agredidos y temidos por la gente común. O con Ditko crearía a Spiderman, un superhéroe adolescente a quien sus poderes le traían igual cantidad de problemas que los villanos. Por no hablar de Black Panther o Falcon, los primeros héroes negros en plena lucha por los Derechos Civiles.

De repente toda una gama de grises se abrió en la vida de los personajes que antes se manejaban en un arquetipo simplista, conservador. Ahora se empezaban a tocar temas de gran importancia socio-cultural que reflejaban las sensaciones del mundo real: racismo, violencia, motivaciones personales, antihéroes. No solo había poder en esos personajes, había personalidad. Así comenzó la era de plata del comic, la adolescencia, porque ese fue el público al que se apuntó.

Stan Lee se volvió el responsable de posicionar a Marvel como la Pepsi de DC Comics; según su prontuario, él es responsable de crear personajes como Black Panther, Spider-Man, los X-Men, Thor, Iron Man, Los Cuatro Fantásticos, El Increíble Hulk, Daredevil y Ant-Man y muchos más.

Pero cuanto de esto es verdad es un capitulo totalmente distinto. Ahora que Lee está muerto, diferentes perspectivas sobre su trabajo se hicieron súbitamente visibles: entre la enrome mayoría de fans dolidos que hoy le asignan virtudes divinas, están aquellos que opinan que mucha de la fama del rey de los cameos se la quitó a los verdaderos responsables, e incluso lo acusan de deshonesto y ladrón.

Entonces ¿Cuál es la realidad? Para empezar pareciera que a Stan Lee no se le puede confiar ni el nombre, y no porque su verdadera identidad sea la de Stanley Martin Lieber, sino por la historia que daba sobre el origen del pseudónimo: Según él no quería quemar su verdadero nombre cuando algún día escribiese una novela “seria”, cuando en realidad eligió el pseudónimo para utilizar un nombre que no sonara tan judío, un práctica común en la época.


 Lee le daba la historia cruda al dibujante (muchas veces simples notas) quien realizaba las viñetas con toda la acción pero sin dialogo y luego volvían a Stan para que las rellene.

Entonces para empezar a entender hay que reconocer un hecho que el propio Stan Lee sostenía sin disimulo cada vez que le preguntaban: sus apariciones públicas eran las de un personaje, quizá el único personaje creado íntegramente por él. Tenía carisma y verborragia y las mañas de un cirquero; sabía caer simpático y robarse al público, pero además era inteligente y bien leído. Parece ser que todas las historias que lo rodearon desde que se convirtió en el embajador de Marvel se vieron inevitablemente manchadas por las medias verdades o escondidas tras las pantomimas. Y es tal vez el público y no Stan Lee el verdadero culpable, por no querer ver ni escuchar nada más.

Su colega John Romita comentó alguna vez que Lee era un artista del engaño, pero uno capaz de producir resultados. Posiblemente se refiriera a la manera en que se trabajaba en Marvel desde el 61 al 71: era un método en el que Lee, como editor, y sus dibujantes, trabajar como una cadena de ensamblaje: Lee le daba la historia cruda al dibujante (muchas veces simples notas) quien realizaba las viñetas con toda la acción pero sin dialogo y luego volvían a Stan para que las rellene.

De ahí la duda de quién es el verdadero responsable de crear las historias y sus personajes. Este método de trabajo haría escuela y permitiría que el dibujante desatara su talento sobre las páginas del comic. Pero era Lee, como último responsable y carismática cara visible quien se llevaría los laureles.

Pero aquí es donde viene el problema: Stan Lee jamás dijo que esto no fuera cierto, jamás dijo que el mérito fuera de él solo o que Ditko, Romita y Kirby tuvieran nada que ver. Incluso mencionaba siempre que podían los méritos de sus colegas. Pero de manera consistente, todo lo que el público quería era escuchar, ver y amar era a Stan Lee.


Con su partida, es innegable que el mundo del comic perdió a un padre, aún si este no fue el único o no fue tan imprescindible. Aun así, Stan Lee se va sabiendo que lo que él creó será eterno.

Además, su cuasi centenaria existencia le permitió participar del universo de películas supertaquielleras de la mano del cameo, la pequeña aparición que oficiaba como logo de calidad de las películas del universo Marvel, no solo las de Disney, sino también las de Fox (X-Men y Deadpool), Sony (Spiderman) e incluso las viejas series de los 80´s como el Hulk de Lou Ferigno.

Con su partida, es innegable que el mundo del comic perdió a un padre, aún si este no fue el único o no fue tan imprescindible. Aun así, Stan Lee se va sabiendo que lo que él creó será eterno. Se lleva los saludos de sus amigos y colegas, y la alegría de cientos de lectores cuyas vidas ayudó a cambiar, a veces con inspiración, a veces con contención, pero siempre con la idea de que lo que hace a un superhéroe triunfar es su humanidad.