Débora Von Habsburg, una historia real

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En los cuentos de príncipes, hadas y lobos feroces todo puede ocurrir. En la vida de algunas personas también. Yo les podría hablar de una Archiduquesa, casada con el Archiduque de Austria, Guntram von Habsburg-Lothringen, que es actriz y ha desarrollado una larga trayectoria internacional, de la mano de directores como Francis Ford Coppola y Juan José Campanella.

Les contaría que su boda duró varios días, que la asaltaron después de casarse, que su esposo sufrió una tragedia y que ha tenido una milagrosa recuperación, que ganó un auto en una rifa en un pueblito perdido y que además vivió varios años en Argentina y habla seis idiomas. Sin embargo, prefiero que ella lo cuente y lo corrobore, porque la vida de Débora parece de ficción. Solidaria y comprometida con diversas causas sociales, Débora también participa de la Fundación von Habsburg, dedicada a ayudar a personas de bajos recursos que sufren enfermedades motoras. Con ustedes, había una vez una niña que no sabía que sería princesa…

Fotos: Rafa Balcazar

Tu historia es de película, cualquier guionista se hace un festín…

(Suelta una carcajada) Me haces reír pero no sos la primera persona que me sugiere hacer una película sobre mi vida. Aburrida no sería, eso es seguro. Por el momento, siento que tengo mucho para contar sobre los otros, sobre cosas que he observado, tanto injusticias y dolores, como cosas ridículamente divertidas. Mi padre me enseñó a tener perspectiva y relativizar. Cuando le contaba de algo que me daba tristeza, siempre me decía “hay peor en la vida”. Me daba rabia cuando lo decía, pero con los años lo entendí. No me siento el ombligo del mundo, pero si algún día siento que puedo inspirar o ayudar a alguien en un momento difícil, compartiendo alguna experiencia que tuve, la haré. Nada me asusta y nada me frena cuando se trata de hacer las cosas en las que realmente creo.


“Mi padre me enseñó a tener perspectiva y relativizar. Cuando le contaba de algo que me daba tristeza, siempre me decía “hay peor en la vida”. Me daba rabia cuando lo decía, pero con los años lo entendí.”

¿Fue realmente una historia de ficción?

No. Creo que la vida muchas veces supera la ficción. Me ha pasado de discutir con amigos guionistas sobre cosas increíbles que realmente acontecieron y que me digan que eso no lo pueden poner en un guion porque no lo creería nadie. Todos, de alguna forma u otra pasamos cosas duras y crecemos y nos mejoramos a través de ellas. Quizás, en los ojos de otros, se considera que me tocó vivir cosas increíbles… de cuentos de hadas, por un lado, casándome con alguien descendiente de una de las grandes Monarquías de Europa. Devastadoras, por otro, casi perdiendo mi marido en un accidente. Yo lo veo como lo que me tocó. No lo juzgo, siento que dentro de todo he sido sumamente afortunada. Conocí el verdadero amor, tengo una linda familia, muy buenos amigos y he podido hacer lo que me apasiona.

¿Tu vida es como en una gran película italiana, tiene su drama y su comedia en grandes dosis?

(Se ríe) Nunca lo pensé así. Muy acertado. Todo lo que tuve que transitar, tanto bueno como malo, es lo que me llevó a ser la persona que soy hoy. Lo que mi gran película Italiana me enseñó es a apreciar lo que tengo, porque nada es permanente. Todo siempre cambia. La clave es la actitud ante lo que a uno le sucede, y tener las herramientas para adaptarse a esos cambios. Como dice mi mejor amiga: “tenemos que aprender a ser todo terreno”. En José Ignacio (Uruguay), hace muchos años (2001), Guntram y yo encontramos nuestro lugar en el mundo donde empezamos nuestro proyecto de familia. Recuerdo que cuando vivía en nuestra chacra cerca del mar, andando a caballos, viendo a mis hijos crecer felices y disfrutando momentos inolvidables con mi marido, pensaba que era imposible ser más feliz. En retrospectiva, lo que veo de mi vida es que me ha tocado vivir muchas cosas que me han hecho una persona que juzga menos, con más empatía por los otros pero al mismo tiempo más fuerte, y con una visión más clara sobre lo que realmente importa. Para mí, lo importante en la vida es descubrir que tenemos de único para aportar al mundo. Sea un sueño que deseamos lograr, una visión que queremos compartir, momentos que podemos ayudar a los que lo necesitan. A veces logramos hacer todo lo que nos proponemos y a veces no, pero es importante saber que eso es la vida, el camino que recorrimos y la persona que nos volvimos como resultado. Mi camino me ha dado muchas risas y muchos llantos pero ha sido espectacularmente bello y siempre ha sido acompañado de amigos y familia con los que pude reírme a carcajadas para sobrellevar lo difícil.

Fotos: Rafa Balcazar

¿Qué recordás de tu paso por Argentina? Y luego, entiendo que la clave ha sido la etapa del secundario no? Conocer a tu pareja y el giro que luego dio la vida…

Cuando llegué a Argentina tenía 10 años, mi madre se casó con mi padrastro y formamos una familia de cinco hijos. Los míos los tuyos y los nuestros. Allí fue cuando aprendí alemán, sí, en Argentina (se ríe) De escucharlo en casa, porque mi padrastro era alemán y también teníamos una institutriz alemana. Me sentí muy a gusto en Argentina, era un poco lo que soy yo, medio latinoamericana, medio europea. Recuerdo que fui al colegio San Marcos en San Isidro y que el primer año tuve que tomar clases de ayuda en matemáticas porque estaban más avanzados que mi escuela en Nueva York. Me hice buenas amigas con las que nos divertíamos mucho y con las que conecté fuertemente. Íbamos mucho al campo de mi padrastro en Paysandú y a La laguna del Sauce en Punta del Este para las vacaciones. Viví unos años en Chile también y eventualmente a los 14 nos mudamos a Montevideo. Fue allí que conocí a Guntram, en la secundaria. Él era el chico más canchero y más atractivo, hablaba alemán como nosotros, tenía espíritu rebelde y era un amor imposible. Mi enganche fue instantáneo. Ambos fuimos a estudiar afuera, él a Inglaterra y yo a Estados Unidos, pero aunque la relación hizo muchas idas y venidas, lo que sentíamos el uno por el otro se mantuvo a pesar de la distancia, las distracciones y las trabas familiares.


“Cuando llegué a Argentina tenía 10 años, mi madre se casó con mi padrastro y formamos una familia de cinco hijos. Los míos los tuyos y los nuestros. “

Fotos: Rafa Balcazar

Tus 25 años fueron la bisagra, te casaste, descubriste la profesión, te mudaste a Nueva York, ¿Cómo fueron esos vertiginosos años?

Sí, el casamiento fue todo un evento, los invitados llegaron de diferentes lugares del mundo. Guntram y yo queríamos algo pequeño e íntimo pero fue lo opuesto (risas). Nos casamos en la Catedral de Cuernavaca y hubo diferentes recepciones en una Hacienda mágica y en El Hotel “Las Mañanitas”. En realidad, pensé que ese momento nunca iba a ocurrir porque desde que empezamos a salir con Guntram me dijeron que nunca le iban a permitir casarse con alguien que no pertenecía a una familia reinante de Europa. Hoy en día hemos observado que las familias reales ya no son tan estrictas y han evolucionado, pero esas eran otras épocas y los Habsburgo siempre han sido muy estrictos con su tradición. Nosotros no elegimos enamorarnos, sucedió. Guntram siempre supo que se casaría por amor con la persona que él eligiera y estuvo dispuesto a ponerlo todo en riesgo. Por fortuna, con el tiempo, su familia inmediata llegó a conocerme mejor y me gané su respeto y aprecio. El día que fui aceptada como parte de la Casa de Austria fue muy gratificante. Sentirse aceptado, es lo que cualquier ser humano espera, lo opuesto es muy hiriente. Luego, en Nueva York, me validé personalmente descubriendo lo que realmente me apasionaba hacer que era actuar. Exploré el teatro y el cine, descubriendo que está muy ligado a la literatura y la filosofía, y allí yo estaba en mi salsa.

Tendrás más de una anécdota de esas que hacen valer la sobremesa… ¿Cuáles son las primeras que te vienen a la mente?

Fotos: Rafa Balcazar

Nos asaltaron después de casarnos en México y nos dejaron parados en la calle con solo mi perrita en brazos y un zapato. ¡Se llevaron todo! nuestros pasaportes, ropa y regalos de boda. Fue un gran susto. Nos casamos un 13 y desde entonces soy supersticiosa Si pasa un gato negro frente a mi auto puedo llegar a esperar mucho tiempo a que pase otra persona para que yo no me lleve la mala suerte (risas). Hablando de suerte, cuando vivíamos en Nueva York me gané un auto muy loco, un Plymouth Prowler color naranja, en una rifa en un pueblito de playa llamado Montauk. Todavía hoy en Miami sigue siendo exótico. Cuando me paseo en él la gente no lo puede creer. Te cuento otra, cuando hicimos “Viaje a Través de los Mitos”, me tocó subirme al faro de José Ignacio y recitar Baudelaire y Goethe en sus respectivos idiomas como parte de la presentación artística. Todo fue muy último minuto y no me dio tiempo para aprenderme los versos. Tenía una hoja que usaba para recordarme y en el medio de la presentación vino una ráfaga de viento y se llevó mis versos en el aire.

Por suerte tenías tu formación teatral, ¿Qué fue lo que más te atrajo del método Strasberg? Además hiciste improvisación, ideal para esa anécdota…

Me gusta mucho aprender técnicas nuevas porque siento que cada una me da una herramienta distinta. Uso las cosas que más me sirven de cada una para llegar a la emoción o interpretación auténtica. Con el método aprendí “memoria sensorial” (Sense Memory) que es muy útil en situaciones dramáticas. La improvisación me daba terror al principio. No me gustaba la idea de tener que ser espontánea y no poder censurar nada. Ahora me encanta, te sentís libre, sin filtro, como un niño, porque todo se vuelve un juego. Es muy buena terapia porque terminás muerto de risa por las payasadas que salen.

¿Tu debut fue sobre las tablas con Bodas de Sangre? ¿Qué sentiste la primera vez que te enfrentaste al público?

Me enfrenté al público mucho antes. En la secundaria hice varias obras de teatro y luego en Nueva York, Buenos Aires y José Ignacio con Bodas de Sangre, Lovers and Other Strangers, No Exit y Viaje a través de los Mitos. No me asusta el público. Sé que están allí pero yo estoy comprometida y entregada al mundo de la obra. Ahora, hablar a una multitud, sin estar actuando, eso es otra cosa.


“La experiencia de rodar con Juan José Campanella fue genial. La película fue una superproducción. En mi escena durante la Kermesse, habían 400 extras para coordinar, se realizaron tomas desde una grúa, y tomas difíciles que requerían destreza física.”

Más adelante, te llegó la oportunidad con Luisita Maldonado en Luna de Avellaneda, ¿Cómo viviste ese rodaje?

La experiencia de rodar con Juan José Campanella fue genial. La película fue una superproducción. En mi escena durante la Kermesse, habían 400 extras para coordinar, se realizaron tomas desde una grúa, y tomas difíciles que requerían destreza física. Fue increíble, aprendí un montón. Me pasó algo divertido, como soy bastante modesta los extras me decían de correrme así la cámara los veía, yo me reía por dentro como diciendo: “perdón pero el director me dijo de pararme acá”. Ellos no sabían que yo era Luisita, que en noveno mes de embarazo iba a parir al personaje de Darín esa noche. Encima, todos pensaban que yo realmente estaba embarazada porque mi panza era extremadamente grande. Todos me preguntaban si quería sentarme, si me sentía bien. Me hacían pasar primero para comer, fue un verdadero trato VIP. Para el casting, usé mis experiencias de parto personales y creo que eso me ayudó a conseguir la autenticidad para hacer lo que demandaba el rol. Pero en el momento en que Luisita rompe bolsa, Juan me ayudó tirando un globo lleno de agua a mis piernas que causó esa reacción de sorpresa y susto. Muy ingenioso. Haber sido parte de una película con Juan me abrió las puertas con directores de casting en Estados Unidos. Él es muy querido y respetado en la industria de cine y televisión americana.

Cuando tu carrera empezaba a tomar impulso sucedió al accidente de Guntram y es muy elogiable que pusiste toda su energía en su recuperación…

Exacto, mi carrera tomó un segundo lugar cuando Guntram me necesitaba. Todos me decían: “tenés que seguir con lo tuyo”, pero yo solo pensaba en una cosa y era ayudarlo en su situación y sacar la familia adelante, instalándonos en un país nuevo, con circunstancias nuevas.

Fotos: Rafa Balcazar

¿Cómo fue ser resilientes a la tragedia y hoy ayudar a otros a superarlo?

Guntram es el que me da la fuerza y me inspira a seguir positiva y a disfrutar de lo que tenemos. Su ejemplo de valentía y perseverancia es admirable. Nunca se quejó, tomó todo con una integridad y una gracia que me dejó la boca abierta. No sé si hubiese podido hacer lo mismo. Eso cimentó aún más el amor incondicional que siento por él. Cuando me discute sobre qué color pintar la pared le digo: “el que vos quieras”, aunque me parezca horrible. Las discusiones banales no tienen lugar en nuestras vidas, hemos pasado por demasiado para dejar que ellas debiliten la pareja. Somos una unidad y así somos fuertes y podemos sobrellevar cualquier situación.

¿Cómo nació la Fundación y qué aspectos te gratifican más de vuestro aporte?

Una amiga francesa estaba organizando un remate de Arte para Art Basel en Miami y nos pareció que era una buena oportunidad para hacer una diferencia en la vida de los que hayan pasado por nuestra misma situación. La idea de crear una Fundación que recauda fondos y crea consciencia de las dificultades que vive una persona con parálisis, nació a través del arte. Muy oportuno, ya que el arte sana y enriquece y sé que a mí personalmente me ha ayudado mucho. Hoy queremos seguir explorando otras vías para poder ayudar a más personas.

Aún no te pregunté por Francis Ford Coppola…¿Qué es lo que más de sorprendió de la industria de Hollywood?

Es un mundo que parece muy distante e inalcanzable pero está compuesto de gente como tú y yo. Sí, personas muy talentosas, pero sobre todo con una visión muy clara y con un aguante fuera de lo común, acompañados además, de mucha suerte. Lo que más sorprende es que el glamour que crea la cámara no es la realidad. Casi siempre se rueda en hangares y lugares que no son muy atractivos. Se pasa muchas horas esperando, se trabaja horarios largos a horas ridículas, se repite tantas veces que uno ya no puede escuchar las palabras. Todo para recrear la visión de un director, que en el caso de Francis Ford Coppola, es un maestro.

¿Cuál fue el que papel que te gratificó más?

El que más me gratificó fue el rol que hice en “Hombres de Honor” (Pol-ka) donde compartí escena con un gran actor argentino: Alejandro Aguada. Era una enfermera Francesa durante la guerra y luego la pareja de Aguada. Me encantan los rodajes de época y el elenco y equipo con el que filmé fue muy profesional. El más difícil fue el primer rol de cine que interpreté. El de una chica paralizada. Eso fue mucho antes del accidente de Guntram y yo me tomé muy en serio ese papel. Visité hospitales en Nueva York y New Jersey y hablé con pacientes que tenían lesiones medulares para saber más y poder interpretar el personaje con veracidad. Fue un gran desafío tanto a nivel físico como emocional. Nunca me imaginé que la vida real me traería esa situación tan cerca de casa.

Últimamente estuviste con Casa Ajena en teatro y “Swear by Apolo” en cine, ¿Qué resumen hacés de tus participaciones? La obra es muy actual en lo político, no?

Sí, la obra Casa Ajena de Lisa Loomer (autora de la premiada película “Girl Interrupted”) se estrenó por primera vez en el 2003 en Los Ángeles, pero con todo lo que está pasando a nivel de inmigración en Estados Unidos hoy, la obra todavía toca un tema muy vigente. En Octubre fue el estreno Bilingüe, dirigida por el puertorriqueño Edgar García. Fue una verdadera delicia trabajar con un texto tan maravillosamente escrito y una puesta en escena dirigida de una manera que abordaba un tema dramático con mucho humor. “Swear by Apollo” (Juro por Apolo) es un corto de cine de un venezolano que conocí en un taller de actores y directores en Miami. Me llamó la atención el corto donde terminé interpretando una doctora que tiene que decidir entre respetar su compromiso con la profesión médica o tomar venganza por la muerte de su hija. Cuando hicimos la primera lectura todo mundo se quedó callado y hubo lágrimas, fue muy fuerte. Más allá del rol, me pareció que esta era una historia que merecía ser contada. El corto fue aceptado en varios festivales.

¿Cuáles son las materias pendientes?

Tengo pendiente una película que vengo desarrollando hace un par de años que trata de un incidente histórico del que no se sabe mucho pero que es fascinante. Estoy desarrollando la historia con una directora en Los Ángeles y las dos estamos muy apasionadas y entregadas al proyecto. Además, estoy colaborando con el guionista Juan Pablo Domenech en un proyecto de cine. Estoy desarrollando dos series de televisión que quiero filmar en Miami. Una es una dramedy (comedia con drama) y la otra es de suspenso. Y con 4 amigas actrices creamos un grupo de teatro de mujeres. Estamos desarrollando obras originales que tienen como temática principal distintos aspectos de la mujer dentro de la sociedad. Esperamos poder presentar el año que viene.