OTROS RELATOS FEMENINOS

470

PAOLINELLI, BLANCO Y PAMPÍN

(Por María Silvia Astudillo, agradecimiento: Ezequiel Miranda) La directora de cine Liliana Paolinelli es una de las representantes más destacadas del cine cordobés, pionera en poner el foco en historias que abordan el universo femenino en variados aspectos, como el lésbico. Ejemplos de ello son las películas “Amar es bendito” y su nuevo largometraje “Margen de error”, que presenta en Córdoba con gran expectativa.  Radicada en Buenos Aires, siempre mantiene temáticas que protagonizan personajes de Córdoba o con locaciones de la docta. Egresada de la Escuela de cine de la UNC, inició su carrera con cortos a mediados de la década de 1990 y fue parte de la tercera generación de Historias Breves, donde compartió cartel con directores de la talla de Andy Muschietti y Santiago Loza.  Según dice el dicho “tres son multitud”, pero en este caso entrevistamos en simultánea a Liliana y a las protagonistas de la película: Susana Pampín y la cordobesa Eva Blanco. Y tres se hizo plenitud. Además, de contarnos sobre su nueva película, las tres hacen un profundo análisis de los hechos artísticos en Córdoba y el país.



¿Esta historia está basada en hechos reales o es invención pura?

La invención es relativa porque el acto de creación se nutre de distintas fuentes. En este caso, hay cosas que me pasaron o que me contaron. Había dos o tres cuestiones que me estaban rondando en la cabeza, una de ellas era la de llegar a la edad que tenían mis amigas de cuando yo era joven. Era un grupo de lesbianas, en los años ‘90, con quienes nos juntábamos y hacíamos asados, charlábamos… Esto, más otros sucesos dieron vida al argumento de la película: una mujer de cincuenta y pico (Iris) que vive en Buenos Aires y recibe a la hija de una amiga que viene a estudiar a la facultad. Con el correr de los días, Iris cree que la chica se está enamorando de ella. Iris se hace la cabeza con un posible amor, entra en un estado de enamoramiento por esta confusión y la película cuenta la historia de este equívoco.

¿Por qué elegís el género  comedia para contar esta historia?

El género viene adosado a la historia, no es que lo elegí de una paleta de géneros. Si lo hubiera premeditado mucho no hubiera salido, en todo caso me dejé llevar por lo que el argumento dictaba. En general el  tema del “equívoco” siempre está asociado a la comedia. Me parece que esta historia encajaba mejor con la comedia. Además hay componentes de drama, para mí la comedia tiene que tener un sustrato dramático.

¿Cuanto tiempo te llevó escribirla y cómo fuiste trabajando los personajes?

El guión se terminó de escribir en 2 años. Durante la escritura, yo ya tenía en mente el deseo de trabajar con Susana (Pampín). Le mandé el guión y ella me hizo una devolución. Con Eva (Bianco) pasó lo mismo. De cada devolución que yo recibía iba haciendo una reescritura y redireccionaba algunas cuestiones, hasta que tuve una versión que me pareció presentable. Mientras estábamos esperando la respuesta del Instituto de Cine (INCAA)  hice un cambio de locación importante: Iris hace un viaje con las amigas, primero iba a ser a México, después a Mendoza, después a los Esteros de Iberá y finalmente terminó siendo a una estancia en Buenos Aires. Descubrimos que el viaje no sólo era por vacaciones sino porque dos de las amigas se casaban y lo celebraban en la estancia, y era el momento ideal para que se desatara una serie de conflictos.

¿El final es el que habías pensado desde un primer momento o manejabas otros?

El final se mantuvo desde la primera versión del guión.

Y vos Eva (Bianco), ¿cómo compusiste tu personaje?

Mi personaje es el de pareja de Iris (Susana Pampín). Ellas no conviven pero son estables porque llevan años juntas. El guión era muy sólido, estaba muy claro cómo era ese personaje. Por otro lado, estuvo bueno el encuentro con Susana porque se dio el feeling justo para lo que requería el personaje. También fue fundamental la claridad que tenía Liliana, lo que quería en cada toma. Eso es fundamental para la interpretación. Fue un trabajo de grupo entre todas las actrices. Fue un desafío, pero no como algo de “ceremonia seria” sino como algo más lúdico.

¿Cómo creen que va a ser la recepción de la película por el público cordobés, que suele ser un poco más conservador que el resto?

Liliana: La película no es difícil en ningún sentido. En general la gente la pasa bien, se engancha mucho con la historia.

Yo la ví en Buenos Aires, y entre los comentarios, la gente observaba que no hay hombres en el reparto…

Liliana: Es una película de lesbianas, no tiene nada que hacer un hombre en la trama. En algunos ámbitos de la vida real hay mujeres exclusivamente, en un colegio de monjas, por ejemplo, ¿por qué debería llamar tanto la atención en la película? En el grupo de amigas lesbianas que te contaba al principio y que inspiró esta historia no había varones, y era algo absolutamente normal.

Susana: Yo veo que en muchas películas donde los personajes son hombres nadie se pregunta por qué no hay mujeres. Es como que la cabeza está diagramada en que sí tiene que haber hombres y no se nota que no hay mujeres. El universo de Margen de error es propio de mujeres, no hacían falta personajes masculinos pero el mundo patriarcal en que vivimos nos lleva a preguntarnos por qué no hay hombres, en vez de por qué no hay mujeres en las películas donde hay exclusivamente hombres.

Creo que también el tema era otro, cuando ves la película queda en primer plano el amor y la diferencia de edad, lo otro se hace secundario…

Liliana: Está bueno que lo señales porque ya empezaba a preocuparme que la diferencia de edades no se notara, y en cambio los comentarios fueran sobre la ausencia de varones.

Susana: Es un foco muy particular que la historia fuera entre una señora grande y una jovencita. Siempre se da el caso de un hombre mayor con una chica joven.

Eva: Es verdad, y mirá que yo observo mucho las devoluciones… Que fueron muy festivas por otro lado, se notaba que el público veía la película no como algo pasatista, sino como un viaje. No hubo ningún rechazo a situaciones que podrían traer prejuicios, creo que ése es un hallazgo de la película. De todo lo orgánico que ahí sucede. Este grupo de mujeres ya está en otra etapa de la vida, son grandes, no tienen conflictos consigo mismas, tienen un buen pasar económico, están conformes con la vida. Erran en cosas en las que no se sienten fuertes, como cualquier ser humano, y en ese sentido me parece que la historia está muy bien contada.

También es un acierto el enganche que te genera con la historia romántica, que te da ganas de que terminen juntas y no te detenés en si es pareja homo o heterosexual…

Susana: Sí, y mucha gente mayor también se tomó muy bien la película. El gran hallazgo es que pinta un mundo particular pero a la vez muy universal, porque hay cosas con las que cualquiera se puede identificar: cosas del amor, de la vida… Como la ilusión y el deseo del amor, eso de proyectarse en la persona amada y pensar que eso puede ser recíproco pero que puede terminar en decepción. O no.

¿Cómo fue preparar tu personaje de Iris, la señora madura que se enamora de una joven?

Susana: Muy divertido, es muy lindo cuando hay personajes que son un entramado de capas, esto de contar que alguien está levemente cegado por algo y entonces no está viendo desde una perspectiva clara… Es muy divertido actuar lo que ella ve y lo que no ve, y entre medio de eso, tener que mentir y al mismo tiempo que suene verosímil y la lógica de la situación diga: “sí, sí, claro, la novia le creyó”… Es muy divertido actuar eso. También mis compañeras eran fantásticas y el guión te metía en situaciones como “¡Uh! Ahora vamos a jugar…”

Vos Susana sos actriz de teatro, hay un trabajo que tenés que hacer cada tanto de readaptarte como actriz para hacer cine.

Sí, claro. Es otro modo de actuación, aunque hago cosas en tele o cine. Nos toca hacer un bolo este año y un bolo el año que viene y el cuerpo ya se olvidó de cómo era cuando teníamos la cámara bien cerca… Y como actriz de teatro se gesticula mucho (risas), usás todo el cuerpo… En el cine como que eso es mucho y el director te va marcando, te dice “un poquito menos, un poquito menos”. Por ahí hablás más fuerte y el desafío en el cine es totalmente distinto e igualmente maravilloso.

 Liliana, en una nota tuya decías que el cine nacional estaba en peligro.

Con esta administración del INCAA, esta política, mejor dicho “no” política de fomento –desde hace 2 años no se dan créditos, los subsidios se cobran muy tarde, imaginate, con la inflación que hay es durísimo tratar de recuperar la inversión- el cine está en peligro de extinción. ¿Sabés dónde está el presupuesto destinado al fomento? En un plazo fijo. Eso ha hecho la administración actual del INCAA. El cine nacional está muy castigado, sobre todo el cine nacional independiente, con películas como la nuestra.

A nivel creativo, ¿ves evolución desde que empezaste hasta ahora?

Me parece que en el cine documental están pasando cosas muy interesantes, hay que ver qué pasa en el futuro porque el cine documental viene muchísimo más castigado todavía que el cine de ficción. Por falta de nombramiento de comités hay una cantidad de proyectos demorados, esto es gravísimo porque al cabo de 2 años, no sabés si el tema que querías abordar va a seguir existiendo. Y es paradójico porque aunque el cine argentino viene dando muestras de calidad y de diversidad yo siento que me cuesta más filmar ahora que cuando empecé.

¿Por presupuesto?

Liliana: Sí, y porque las restricciones son cada vez mayores. Una pensaría que con la experiencia, el camino de hacer una película podría allanarse un poco, que una ya dio muestras de que no va a fugarse con la plata… Pero las exigencias son terribles. Más que cuando filmé mi primer largometraje. Ahora estoy haciendo un documental de bajísimo presupuesto y equipo reducido, como cuando era estudiante de cine en el ‘87.

 Eva, sos una de las grandes actrices de Córdoba: ¿cuál es tu punto de vista de cómo está el cine de Córdoba?

 Sí, ya estoy grande (risas). Al cine de Córdoba yo lo veo activo a pesar de todo. Hay gente que está encontrando recursos económicos en el extranjero. Y lo veo muy prometedor. Hay mucha gente filmando, ahora también están apareciendo guionistas, gente que tiene algo para decir y que está trabajando en ese ámbito que me parece que es el cimiento de todo, de un cine fuerte y de un cine interesante. Para mí es una cuestión de tiempo, pero el cine en Córdoba está vivito y coleando.

 Y vos Susana, ¿considerás que en la actuación faltan oportunidades? ¿A veces tienen que generar más que elegir?

Yo vengo del teatro independiente y en Argentina es como que necesitamos de subsidios para producir. En otros países, los actores tienen que tener la garantía de la producción, tiene que estar la plata. Y eso hace que no sea tan interesante lo que se está produciendo. Pero en España, los actores y actrices empezaron a copiar el modelo argentino de la crisis eterna. Eso de decir “che, yo quiero hablar de lo que me gusta, nos juntemos y lo hagamos”. El año pasado, con Paola Barrientos, Alejandra Flechner y Eugenia Guerti produjimos en cooperativa una obra de teatro, que en su momento había sido producida por el Teatro Cervantes. Después nosotras devolvimos todo al Teatro Cervantes. Pero pusimos plata nosotras, como cuando éramos una cooperativita, en los inicios, que poníamos 10 pesos cada una… Bueno, ahora podíamos poner mil pesos cada una, o más, porque ya todas trabajábamos e hicimos esa obra, porque queríamos hacerla. El estado tiene que apoyar esas iniciativas, porque la cultura no es un negocio, la cultura es cultura, la cultura es formación, educación y aquí, a veces hay momentos en que pareciera que eso no se ha entendido. Por ejemplo ahora, lo que pasa con el cine, en el teatro, esta cosa del cuerpo a cuerpo: mi tía me da los sillones, la otra no sé qué y vamos y lo hacemos. En el cine no, necesitás poner mucha más plata. Muchísima.